PROCEDIMIENTOS, RELACIONES Y ALQUIMIAS DEL OFICIO DEL DIRECTOR
Actualizado: 8 oct 2020
Por Diego Cazabat.
Para mí el oficio del director tiene que ver con proponer y generar "marcos" donde la experimentación y creación en equipo sea posible. Un marco que proponga "la apropiación" de la experiencia y del objeto que termina apareciendo de ella. Un "juego" que se organiza por la necesidad individual de estar presente con lo propio, en batalla con la pregunta: ¿que quedará de todo el sacrificio?, y resquebrajando el conformismo que somete "el arrojo de la búsqueda" a lo necesario. Ponerse la camiseta. Atreverse a impactar en el otro con la acción de las propias imágenes. Dirigir es estar con un cuerpo involucrado.
El oficio de director tiene que ver con la orientación de actores, con esa relación siempre conflictiva. No hay avance sin conflicto y en el conflicto deben estar las partes en juego. Nunca pienso en los actores como una masa indiferenciada. Me relaciono con cada uno buscando expandir su frontera, su "poder hacer". Es la manera que encuentro de expandir la mía. No es "pedagogía", es una relación sin ese cuidado, sin esa asimetría. Busca impulsar la transgresión de lo conocido y la osadía.
Siempre necesito de los saltos del actor, de su universo, de sus visiones. Necesito de sus saltos porque necesito de los míos.
Una “clave” es reconocer que la ubicación del que dirige es diferente a la del actor. Hacen cosas distintas. No quiere decir que uno no pueda ponerse en el lugar del otro, pero el director necesita diseñar, decidir y conducir ensayos combinando elementos orientados a dar consistencia a un espectáculo, al conjunto.
El actor también analiza y decide pero, por lo general, atravesado y enfocado en realizar su parte.
Hay actores que consiguen correr esta frontera. El actor creador, el artista no tolera sentirse "diluído" del hecho general, del montaje y va despertando otras ubicaciones posibles, pequeños corrimientos de su frontera. Siempre, en este caso, la relación es conflictiva pero por presencia y no por ausencia.
Asumiendo riesgos, me quedo con los actores creadores, con aquellos que intentan percibir una imagen clara de lo que el montaje está proyectando en su conjunto, con lo que está queriendo decir, con lo que está queriendo alterar, con lo que está queriendo golpear.
Me motiva cuando los actores tienen posibilidad de crear sus materiales escénicos y manifestar poéticamente sus visiones y puntos de vista. Entrar en esa fase “de revuelta” donde se ensaya buscando lo que se quiere decir. Algo que, cuando parece estar al alcance de la mano, se escabulle dejando una sensación de vacío e impaciencia que hay que sobrellevar. Tomo las propuestas de los actores y las mías como fragmentos de textos, escenas incompletas. Como piezas de imaginarios que, en encuentros previos a los ensayos, fuimos compartiendo y referenciando. Lecturas, imágenes, intuiciones, temas, sensaciones, objetos, atmósferas, recursos técnicos, espacios.
Me acerco al espectáculo ensayando diferentes realidades escénicas con los actores. Tiene que ver con dialogar de manera práctica con las lógicas e imágenes que proponen, con esa dialéctica entre nuestros puntos de vista. Generar la mayor cantidad de bocetos de lo posible en el espacio. Verdades transitorias que tal vez encuentren sentido en el conjunto o queden descartadas sosteniendo aquello que termina permaneciendo.
Ensayar es para mí pensar, asociar, errar, corregir, cavilar con otros. Me gusta cuando las dudas que puedo tener son escuchadas por los actores, sin que implique una merma en su disponibilidad.
Busco alejarme de la presión de dar respuestas.
Hay un momento en el proceso de trabajo en que mi atención comienza a correrse hacia otros elementos del conjunto, algunos ya bocetados o sugeridos. El espacio, los objetos, la luz, el color, el vestuario. Voy entrando en un terreno de definición que también activa otra fase en el desarrollo del trabajo con los actores, lo profundiza. Lo que empieza a importar, ahora, es la totalidad de los elementos del conjunto, su organización, articulación y armonía, donde el actor es el "sujeto esencial", el medium.
Me gusta trabajar ensayando escenarios y relaciones posibles con los objetos, con la luz. Que se produzca un largo proceso de selección.
Me propongo que cuestiones relacionadas al espacio y a los elementos que se utilizarán en el espectáculo puedan ser maduradas en el tiempo hasta descartarse, sostenerse y definirse.
Persigo que en escena los objetos tengan perspectiva y no sean neutros. Que se presenten como una historia en potencia, o como una ausencia.
Voy organizando la puesta, el mecanismo escénico. La ubicación del espectador, el piso, los objetos, los elementos escenográficos. Distintas posibilidades armónicas entre el color, la luz y las formas. Busco que el espacio tenga un ritmo y que sea algo a descifrar. Contrastes, el ritmo es relación entre contrastes. Lo observo, lo camino, lo ilumino, lo intervengo.
Buscamos con los actores formas en sus cuerpos. También que el espacio sea una realidad autónoma, un lugar para habitar. Inspirador de un universo posible a crear. Generador de nuevos comportamientos y relaciones que permiten habitarlo.
Luego de numerosas pruebas toca decidir que es lo que queda de todo eso. Las elecciones de los cambios generan un discurso, un tratamiento dramático.
Al ensayar puedo ver mis recurrencias hasta hoy: Espacios limitados, objetos incompletos, mecanismos teatrales. El texto es lo último que tengo.
...Mi futuro artístico?: Incierto
Pensando en el oficio del director me acuerdo que G. Craig acertaba cuando decía que "el público va al teatro deseoso de ver que ocurrirá más que de escuchar lo que se tiene que decir".
Busco que la escena capture la mirada del público por presentarse como realidad en movimiento, aún incompleta, asimétrica.
Lo más difícil en el montaje es producir ese espacio potencial que invita al público a buscar completarlo.
Persigo que el espectáculo le proponga al espectador salir de su estado contemplativo, pochoclero, que se le produzcan sospechas que hasta ese momento no tenía.
Ensayo pruebas sabiendo que los presentes perderán interés en la escena si ésta es previsible, como si no le ofrece canales de entrada para ser descifrada.
Creo en las "imágenes inmateriales", aquellas que se formulan en el público al ver la obra buscando llenar ese espacio potencial. De hecho no existen concretamente en el montaje pero son evocadas por él.
También el público está presente en mí cuando pienso su ubicación en el espacio; no como una cuestión geográfica en sí misma sino como elemento que ayude a generar el tipo de vinculación que el montaje se propone con el espectador.
Nunca se trata de simular o ilustrar una historia. Se trata de que suceda allí en ese preciso momento.
Intento no perder la consciencia que, el del director, es un oficio de precisión técnica y con mucho de artesanal.
Nunca un espectáculo termina siendo lo que imaginé.
Para mi la dirección tiene que ver con decir lo propio, con lo dramatúrgico. Me meto con la dramaturgia por necesidad de poetizar algo de la realidad ordinaria, por lo que imagino y no está escrito. En los espectáculos sin una dramaturgia previa, la intertextualidad está siempre presente. Hago dramaturgia en los ensayos con los actores, es de allí donde saco el material de lo que será el guión escrito. Es el ensayo lo que me permite organizar situaciones que creo pueden ser necesarias y es en ese territorio donde se ponen a prueba. Pruebo en el espacio con los actores y con sus propuestas si las palabras y las situaciones funcionan o no, voy tejiendo, organizo posibles ordenamientos narrativos y demás. Es un proceso complejo con muchas líneas simultáneas y que tiene muy poco de solitario.
Dirigir para mi ha tenido que ver con necesitar contactar con otras lecturas y enfoques. Miro desde el teatro. Cuando me dedico a alguna actividad o disciplina que pareciera se aleja del teatro es para acercarme a él, para encontrar nuevos caminos de entrada para la materialización de eso que estoy intuyendo.
Aún habiendo realizado ensayos previos con público, es a partir del estreno que el espectáculo toma otra dimensión. Se abre un período de ensayos para ajustes más o menos sutiles que hasta el estreno eran pequeños territorios de prueba. Detalles que van dando consistencia a esa "otra realidad" que el espectáculo es. La obra va encontrando su autonomía en esa relación con el espectador. Va buscando definición, va despegando, autoconteniéndose.
Mi mirada se actualiza y puedo encontrar otras lecturas, otras revelaciones en eso que veo. Puedo sentir como la obra se despega de mi cuerpo, toma entidad. Puedo verla fuera de mí.
La obra ya no es de nadie. Está ahí, nos atraviesa. Mundos subjetivos que se manifiestan y materializan en el espacio.
El espectáculo es en mi caso la composición de un hecho poético en una lengua teatral. Un hecho que tiene algo que decir de la realidad, que quiere alterar algo, o que se proyecta buscando impactar contra algo.
D. C

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