POR LOS MARGENES DEL ERROR
Actualizado: 8 oct 2020
Por Cecilia Hopkins
Un libro escrito entre cuatro personas sobre una historia construida en conjunto es un modo singular de abrir una instancia colectiva para pensarse como grupo. Una oportunidad única para ubicar la propia experiencia en perspectiva y asignar un nombre y un lugar a cada cosa realizada. Con el objetivo de poner en palabras lo accionado a lo largo de más de 15 años de andadura, Periplo, Compañía Teatral decidió abordar una experiencia hasta el momento desconocida. Les llevó a sus integrantes tantas marchas y contramarchas como cuando trabajan en la elaboración de un espectáculo. Finalmente, el libro resultó claro en conceptos y pródigo en reflexiones. Sin embargo, sus autores tuvieron la necesidad de incluir algunos temas. Esta entrevista intenta subsanar esa carencia: a partir de dos largas conversaciones con los actores Andrea Ojeda, Julieta Fassone, Hugo De Bernardi y Diego Cazabat, éste último, director de la Compañía, surgió la oportunidad de hablar sobre algunas de las cuestiones que parecían no haber encontrado un lugar en las diferentes secciones que integran el libro. Conversar con los integrantes de Periplo es, sin dudas, ahondar en la historia de una obstinación compartida. El cambio permanente, la remodelación de lo experimentado y en suma, la superación como meta, son cuestiones que sustentan la base de esta Compañía. Aquí va entonces, una síntesis de los ítems que fueron jalonando la charla: el primer encuentro con el teatro, la fundación de la Compañía, los diferentes momentos que atravesaron como colectivo teatral, aquellas cuestiones que hoy ya no volverían a intentar, cómo superaron las crisis y cómo imaginan su futuro teatral.
Primeros contactos con el teatro.
Entre mate y mate, cada uno recuerda como fueron esos inicios.
Diego recuerda que su primer vínculo con el teatro sucedió en Ciudad Jardín El Palomar, en la provincia de Buenos Aires: era muy chico cuando asistía a los espectáculos que se presentaban en Arte y Vida, un reducto teatral que tenía la virtud de canalizar toda la producción de los artistas que por entonces, en pleno Proceso Militar, estaban prohibidos. Cuando terminó la escuela secundaria con el título de técnico aeronáutico, hacía ya unos años que se había inscripto en una escuela de teatro, sólo para probar de qué se trataba. Diego recuerda que una vez, en medio de una muestra, algo cambió para siempre: “sentí que el cuerpo se había dilatado, que miraba distinto...en ese momento supe que el teatro no iba a ser más un pasatiempo”, describe. Poco después comenzó a trabajar profesionalmente y a organizar grupos de teatro en un colegio secundario, tarea que lo ayudó a ganarse la vida. Fue co-fundador de El Baldío, grupo teatral que integró en los primeros años. A los 23 años, convocado por Carlos De Matheis, quien había sido su maestro en la ETBA, ya era asistente de una de las cátedras de actuación en la Escuela Municipal de Arte Dramático. Fue allí donde conoció a los actuales integrantes de Periplo, a quienes tuvo de estudiantes, en diferentes momentos.
Andrea vivía en Lanús cuando, a los 8 años, comenzó a estudiar teatro. Si bien no recuerda que hasta ese momento hubiera asistido a alguna representación, “tenía imágenes del mundo del teatro, a través de unas historias que me contaba mi abuela”. De modo que, antes de comenzar con su primera clase, ella ya había decidido que sería actriz. Desde ese momento transitó por distintos talleres y escuelas.” Mi profesor Carlos de Matheis decía: jugar es jugarse la vida, Me gustaba esa idea”, recuerda. Cursó la Escuela Municipal de Arte Dramático, donde conoció a Diego, y tiempo después, fue co-fundadora de Periplo.
Hugo fue criado en un ambiente afín a la cultura. Estudiaba piano y guitarra, escribía poesía y pintaba. Vio teatro desde chico y aprendió a diferenciar las compañías de teatro comercial que llegaban a su ciudad, de los grupos alternativos que veía en los Encuentros Provinciales, “porque tenían un nivel metafórico y eso me gustaba”. Convencido de que el teatro integraba en sí mismo a las demás artes, entró en el grupo Del Tablón de Esquel. Tiempo después partió a Buenos Aires para estudiar, porque Esquel, su ciudad natal, no ofrecía muchas opciones en cuanto a formación artística superior. Así fue que decidió ingresar en la Escuela Municipal de Arte Dramático, donde conoció a Diego.
De chica, Julieta se apasionaba por la actividad física y también se dedicaba al teatro. Algunos reveses en lo deportivo le hicieron recordar lo bien que se sentía cuando con su hermana y una prima organizaba funciones para ser vistas en familia, cuidando todos los detalles posibles de la velada. A una primera experiencia teatral con el grupo repertorio del norte le siguieron estudios de actuación y danza en distintos talleres. Años después ingresó a la Emad donde conoció a algunos de sus actuales compañeros.
La fundación
En 1995, Diego Cazabat, Andrea Ojeda y Pablo Portillo decidieron fundar un grupo en torno de un programa de entrenamiento físico y vocal, con la motivación puesta en la investigación, es decir, sin el objetivo inmediato de realizar un espectáculo. No obstante lo cual, acordaron en llamarse a sí mismos, Compañía Teatral. Poco después se sumaron Mariana Rub y Martín Ortiz. Periplo era, por entonces, un proyecto en plena construcción. Por lo tanto, sus fundadores fueron estrictos en la incorporación de nuevos integrantes: “Queríamos que quienes trabajasen con nosotros fueran personas decididas y dedicadas”- resumen hoy- “que no buscasen un resultado inmediato”. Organizaron un esquema que establecía trabajar juntos tres veces por semana, y decidieron firmar un contrato simbólico mediante el cual cada uno se comprometía a mantener el mismo nivel de trabajo por un período de dos años. Por entonces el grupo ocupaba en Hurlingham un galpón en el fondo de la casa de Pablo, a dos cuadras del arroyo Morón. “Nosotros siempre pensamos que lo posible es una cosa y lo ideal es otra", recapitula Diego, "sin embargo queríamos que esas paralelas se fueran acercando: sabíamos que lo ideal sería brindarle más días al proyecto conjunto, porque íbamos a necesitar tiempo para llegar a conseguir lo que buscábamos. Como cuatro de nosotros ya vivíamos del teatro, sabíamos que como Compañía queríamos lograr algo diferente a lo que ya hacíamos".
Primeras metas
Los integrantes de Periplo comenzaron a crear su entrenamiento físico-vocal alrededor de algunas hipótesis: "Lo técnico fue nuestra columna vertebral", aseguran hoy. Ya desde los primeros tiempos practicaban un singular ejercicio centrado en la recuperación de la energía perdida. “¿Era posible a partir del trabajo teatral, volver atrás en el tiempo, reencontrase con experiencias olvidadas y destrabar la energía que se había quedado atada a aquel suceso?” Otro ejercicio consistía en encontrar diversas topologías de energía, basándose en imágenes de ángeles y demonios. Aparte de los ejercicios que elaboraban en conjunto, los integrante de la compañía aprendieron una gran cantidad de habilidades, vocales y acrobáticas. “Teníamos un criterio muy material del teatro”,-precisa Diego- “y estábamos obsesionados con la técnica y la precisión”- Andrea completa: “Queríamos desplegar una técnica pero no por la técnica en sí misma sino para que fuese vehículo de lo que no podíamos nombrar o de aquello que uno ni sabe que tiene”. Otro de los ejercicios que realizaban en conjunto fue el que dio el nombre a la Compañía: a partir de consignas que tomaban en cuenta variables de apoyos físicos y vocales, cada actor debía trazar un trayecto -un periplo, precisamente- una escena organizada a modo de partitura, hasta sus mínimos detalles. “Ese ejercicio, que ya mostrábamos a alguna gente invitada por nosotros, dejaba ver claramente los imaginarios singulares de cada uno”, afirma Diego. Esas escenas personales -que todos fueron repitiendo y complejizando a lo largo del tiempo- no sólo están filmadas sino que también están registradas en los diarios de trabajo de cada uno. “Hace poco miré los cuadernos de esa época" -cuenta Andrea- "y pude ver que año a año escribía sobre lo mismo, con solo algunas pocas variantes, como mirando por una lupa, registrando pequeños cambios, día a día, por años”, se asombra.
Cada día de trabajo, desde el inicio de sus actividades, los integrantes de Periplo pusieron dos pesos en una lata para contribuir con los pequeños gastos que compartían. Después, esos dos pesos se transformaron en una contribución de cada uno para pagar el alquiler. Porque luego de ocupar un galpón en Hurlingham, después de una breve estadía en Palomar y luego de estrenar su primer espectáculo, De cómo orbitan los hombres, Periplo alquiló su primer espacio, en el barrio de Caballito (Avenida Gaona 1360), donde instalaron su sala, El Astrolabio. Diego se explaya sobre el tema: "Sabíamos que construir algo juntos también implicaba construir un proyecto económico. Aquella primera etapa fue muy importante para autodefinirnos. Ya sabíamos que el éxito de nuestro trabajo tendría que ver directamente con la relación que generásemos entre todos. Porque todo tenía que ver con la elaboración de un pensamiento a nivel colectivo”. El estreno del primer espectáculo les mostró que estaban bien encaminados: "Nos dimos cuenta de que teníamos algo que estaba muy bueno, que era propio y distinto", resume Andrea, "y vimos también que era posible vivir del proyecto grupal. Antes trabajábamos tres veces por semana y a partir de allí dejamos todo lo que hacíamos por fuera de la Compañía para dedicarnos de lleno al proyecto".
Los integrantes
¿Quiénes fueron los que con su voluntad de trabajo contribuyeron -y aún contribuyen, en algunos casos- a darle forma a Periplo Compañía Teatral? Martín Ortiz integró el proyecto entre 1996 y 2002, Néstor Navarría, entre 1997 y 2000 (si bien aún coordina las clases cuando la Compañía está en gira), en tanto que Marcela Fraiman lo hizo entre 1998 y 2001. En tareas de diseño y realización escenográfica, Hernán Bermúdez revistó durante la primera etapa, así como Fernando Migueles y Victoria Felipini, en asistencia y tareas de colaboración general. Por su parte, Gastón Mazieres fue actor de la Compañía y también trabajó en la dramaturgia. En cuanto a Nicolás Wio, colaborador permanente en composición y arreglos musicales, también interviene como actor en algunos espectáculos. Desde el inicio, Diego Ojeda tiene a su cargo el registro fotográfico y de video de la Compañía, Carolina Block está al frente de las tareas administrativas, Carlos De Francisco es el arquitecto de El Astrolabio y, de Dora Murtare depende el mantenimiento y el brillo de la sala.
Hacia 1998, Hugo se sumó a las actividades de Periplo: “Quería profundizar mi trabajo como actor, sentía un gran vacío, porque me daba cuenta de que me sobraba energía y tiempo. Yo venía de la música así que eso de agruparse, de tener una banda siempre fue algo natural para mí. Pensaba que hacer teatro en una compañía era algo muy original, algo muy vivo. Después supe que eso también pasaba en el tango: la orquesta de Pugliese en los '40 tenía también una convivencia muy intensa y todos ganaban por igual. Tocaron juntos durante cuarenta años. Todos ellos, músicos que tenían la posibilidad de ser grandes solistas", concluye. Por su parte, Julieta comenzó un proyecto de producción y entrenamiento coordinado por Andrea y si bien aún no formaba parte de Periplo, el proceso de inclusión se había iniciado con el desarrollo de algunas actividades de la compañía. Para 1999 ya era parte del grupo. Los cuatro definen hoy entre risas aquel momento: “todo era importante durante todo el día: quizás éramos un poco fundamentalistas, rígidos o muy jóvenes o la combinación de todo eso”, resumen. Conviene destacar que los integrante de Periplo comenzaban su jornada a las 8 AM y hacían una pausa recién hacía al medio día, para almorzar. Luego continuaban su trabajo de entrenamiento hasta las 17:30 hs, horario en el que realizaban tareas organizativas o reuniones para luego continuar con las clases que tendrían lugar a la noche. Agrega Julieta: “trabajábamos mucho pero nunca faltaban los asados para el encuentro y la tertulia”. El viejo Astrolabio fue también casa para algunos de ellos; Hugo vivió allí a lo largo de 2 años: “Quería profundizar mi trabajo como actor dentro de la Compañía. Además, esa decisión de irme a vivir allí tenía mucha bohemia y lo disfrutaba. Tenia mucha magia entrar a la sala a las dos de la mañana... Después necesité aire". Para todos, el crecimiento de la Compañía fue un aprendizaje integral: "debimos aprender a hablar en nombre del grupo, aprender cosas necesarias, como organizar giras, pelear un cachet o relacionarnos con instituciones. Se trataba de encontrar la voz de todos en la lengua de cada uno", afirman en conjunto. Hugo cree que alguna de esas actividades fue "un ejercicio para fortalecer el carácter". Todos esos asuntos, según aclaran los cuatro, hoy son asumidos por todos con absoluta naturalidad. Diego aporta: "todos tuvimos sentido de supervivencia y fuimos descubriendo cómo hacer las cosas en cada caso".
Mirando de nuevo
Diego afirma: "Desde el comienzo insistíamos en nuestra forma de trabajo porque queríamos elevar el nivel artístico y formativo que teníamos. Hoy miraría las cosas de un modo distinto y me enojaría menos. Pero no cambiaría los pasos que fuimos dando”. Con el tiempo Periplo comenzó a multiplicar sus actividades: aparte de sus ensayos, sus integrantes pasaban muchas horas dando clases y, como alquilaban la sala a otros grupos, tenían muchas tareas de mantenimiento. Julieta opina: " Nos costó mucho aprender a delegar. Hoy vemos las cosas de otra forma y hay tareas de mantenimiento o administrativas que antes hacíamos que hoy ya no queremos asumir nosotros mismos". Y Diego continúa: "Buscábamos coherencia, unidad y armonía en todas las cosas que hacíamos, no sólo en los espectáculos. En esa misma búsqueda hoy encontramos la posibilidad de ser más flexibles. Creo que es importante contar con una estructura pero para liberarse, no para estructurarse más. Sin embargo, cierta dureza tenía que ver con nuestra necesidad de encontrar consistencia en el proyecto, una manera de mirar el mundo y de querer vincularse con él”. Andrea y Julieta cruzan pensamientos “Teníamos una cierta ansiedad de reconocimiento, queríamos concretar, hacer real una imagen” dicen y completan: “sentíamos ansiedad por tener una entidad grupal, algo que hoy ya no sentimos del mismo modo. Hoy estamos aprovechando cada cosa, viendo sus contrastes, disfrutando cada momento", aseguran.
Cuestionamientos y contradicciones
Andrea cree que uno de los momentos clave que vivió la Compañía antes de que quedasen los cuatro integrantes actuales fue la necesidad de superar la asimetría entre Diego y los demás. “Si bien desde la fundación del grupo nos propusimos concientemente que la elaboración del proyecto fuera colectiva, era lógico que la palabra de Diego como director tuviese un gran peso y muchas veces eso impedía plantear diferencias”, admite Andrea.
No fue fácil para Diego aceptar que sus opiniones encontraban reparos "lo llamado horizontal a veces encubre cierta hipocresía, porque no basta con decir somos todos lo mismo, no se da naturalmente, solo mucho trabajo puede ayudar a que aparezcan las diferencias y que cada uno descubra o perciba su real necesidad. Veníamos de hacer una temporada excelente, con buenas criticas y la sala siempre llena. Habíamos creado una continuidad de giras a distintos lados del mundo, todos vivíamos del proyecto, los estudiantes eran cada vez más, entonces ¿porqué ceder ante el pedido de los otros si yo no me sentía débil ni quería correrme del rol de director?”, se preguntaba por entonces. Los cuestionamientos consiguieron ser escuchados. Así que cuando la Compañía comenzó a cuestionarse el modelo grupal centralizado, inevitablemente también comenzó a discutir visiones y perspectivas. Julieta asegura: "apareció el pensamiento individual y vimos que teníamos necesidades distintas”. Según Diego, tal vez él tenía por sobre las actividades de la compañía una mirada de control innecesaria: "Tenía la sensación que todo se iba a volver inconsistente si yo no estaba encima. Pero a la vez, lo que yo más necesitaba era estar seguro de que nadie hacía algo que no quería hacer". Entre los cuatro cuentan un ejemplo: cuando parte de Periplo salía de gira, los integrantes que no viajaban quedaban a cargo del teatro y tomaban, por lo tanto, algunas decisiones por su cuenta, lo cual generaba ciertas discusiones. Diego hoy considera que estas situaciones "hablaban simbólicamente de la pertenencia o de la propiedad". No obstante, todos coinciden en que "ninguno de los cuestionamientos iba en contra de lo que estábamos construyendo". Curiosamente, las discusiones que surgieron en pos de una mayor autonomía y apropiación del proyecto entre los integrantes de Periplo fue la causa de que algunos decidieran su éxodo de la Compañía.
Diego reflexiona: "Es que hay que tener ganas de socializarlo todo, parece fácil pero no lo es, rápidamente se puede compartir lo bueno, pero no es sencillo socializar lo malo”, concluye. Periplo decidió que con un dinero que tenían de excedente comprarían un terreno en Córdoba para la futura construcción de una residencia para artistas. Hoy todos aseguran que fue uno de los primeros pasos de esta nueva etapa. Martín Ortiz no fue de la partida y emigró de la Compañía. Era el año 2002.
Las actividades de Periplo se acrecentaban cada vez más. Hoy sus integrantes asumen que hicieron cosas audaces, arriesgadas. Lo increíble es que las actividades salían bien, aunque demandaban un gran esfuerzo y su consecuente desgaste. Por otra parte, por ese entonces se multiplicaron los cursos y seminarios o pasantías para extranjeros que vivían durante largas temporadas en el teatro. El Astrolabio contaba por aquel entonces con tres salas, porque en 2003 el grupo había alquilado la planta baja de la casa. "Estábamos alienados", define Julieta, “otros grupos alquilaban la sala y con esto surgían otras demandas. Todos coordinábamos grupos de actores y dirigíamos proyectos artísticos”. Diego aclara: "No era el dinero -que por otra parte necesitábamos, sin lugar a dudas- lo que nos impulsaba a trabajar tanto sino la sensación compartida de que el trabajo generaba sentido". Hugo afirma que todos sentían que “el sacrificio opera una renovación”. Diego resume: "En ese momento sentimos que la estructura nos empezó a pesar y realmente estuvimos al borde de dejar de trabajar juntos". Y aclara: "además sabíamos que todos nosotros podríamos seguir viviendo del propio trabajo de manera independiente, así que teníamos toda la libertad de decidir si queríamos estar juntos o no". Hugo grafica la situación de alienación en la que se encontraban con una frase sencilla: “no había tiempo para festejar nada”. Sin embargo, todos advierten que se trataba de una crisis en el sentido etimológico del término y no en sentido negativo.
Andrea piensa: “queríamos avanzar en nuestro proyecto artístico y sabíamos que para eso teníamos que cambiar de forma” y Hugo interrumpe: “habíamos llegado a un limite, algo tenía que cambiar”. De modo que decidieron que madurarían su proyecto, desarrollando cierta horizontalidad estructural, privilegiando el trabajo con los actores que cada uno tenía a cargo en El Astrolabio.
Otro cambio estructural
En este punto, Periplo decidió que era el momento de "dar un golpe de timón", como hoy define Diego al hecho de establecer otro tipo de relación entre sus miembros y así dejar atrás el momento intensamente conflictivo que habían estado viviendo. La realidad planteaba una encrucijada, se vencía el contrato de la casona que ocupaba la Compañía, había que decidir ser un grupo sin espacio o redoblar la apuesta proponiéndose algo que parecía imposible: en apenas cuatro meses había que encontrar el espacio y comprarlo, algo que nunca se habían planteado hacer. Afirma Diego, "de alguna manera el hecho de comprar significaba materializar el trabajo que habíamos producido durante tantos años". Fue por esa razón que el dinero que estaba destinado a comenzar la construcción que iban a realizar en el terreno de Córdoba fue puesto en la compra de la nueva sede. El aspecto económico siempre fue un tema complejo: "ninguno de nosotros proviene de una familia acomodada", afirma Diego, "así que lo que decidíamos en cuanto a cómo invertir nuestro dinero no podía tener mucho margen de error". Julieta agrega: “lo que teníamos era un pequeño ahorro, de modo que tuvimos que hacer muchas reuniones, charlas con amigos, familiares y gestiones en instituciones para conseguir el dinero restante”. Dicen todos con alivio: "Todavía estamos pagándola, pero es nuestra sala". Y Andrea recuerda: “fue bueno darse cuenta que había gente que estaba dispuesta a apoyarnos”.
Luego de la reestructuración de la Compañía, Periplo entró de lleno en el período horizontal. Lo cual se refleja en cuestiones concretas: sus integrantes ganan exactamente lo mismo, los cuatro son dueños del lugar y por igual elaboran políticas y proyectos a futuro. El cambio también se percibe, según Diego, “en algo que parece más abstracto y difícil de explicar, porque se trata de una dinámica de relación, donde la diferencia es lo que suma”. Por su parte, Julieta opina que "no existe entre nosotros un pensamiento especulativo sino que hay una relación limpia; tal vez antes todo estaba más cruzado por aspectos subjetivos". Finalmente, todos coinciden en que consiguieron un piso nuevo desde donde mirar lo hecho y proyectarse: “creativamente estamos pudiendo probar cosas que antes no hubiésemos conseguido ni abordar”, concluyen.
Cómo trabajar juntos durante años
Los integrantes de Periplo aseguran que en las relaciones siempre hay peligro de que surja el aburrimiento, aunque "uno primero se aburre de uno mismo” según afirma Julieta. Por su parte, Hugo subraya con humor: "si cambiamos es por asqueamiento". Andrea agrega que "con el trabajo técnico también nos relacionamos distinto” Y Diego aporta su mirada desde la dirección: "Antes, los aspectos técnicos compartidos definían el terreno poético y hoy ya no es así". Obtenida esa meta, el impacto de los espectáculos de Periplo se basa en el presente,"en las metáforas que construimos a partir de nuestras intuiciones" según define Diego.
Claro que los motivos que inspiraron cada espectáculo fueron variando con el tiempo: el mito de Caronte fue importante para la creación de De cómo orbitan los hombres, la búsqueda de un criterio espacial que señalara un adentro y un afuera fue determinante para La pérdida de mi Alhama, en tanto que trabajar con un dramaturgo (Alfredo Megna) que asistía a los ensayos para ir generando el texto fue el modo de concebir Frankie (de los fragmentos a la unidad). Tematizar la barbarie y el despojo determinó Y sus pies tocaron la tierra, en tanto que el peso de la herencia familiar motivó la creación de Otra baja, así como captar una atmósfera de sueño fue decisivo para La conspiración de los objetos. La dirección, finalmente, se volvió más artística y las discusiones también lo fueron cada vez en mayor medida. "No es fácil dirigir actores que tienen autonomía artística. Pero prefiero esos conflictos, que dirigir actores obedientes. Tenemos la costumbre de confrontarnos creativamente".
Otro modo que encontraron para realizar aportes a la Compañía fue la creación de un espacio personal desde el cual cada uno continuó su formación: el estudio del violín, para Andrea, el canto, para Diego, el tango, para Julieta, el bandoneón, para Hugo, entre otras cosas. Esto hizo posible una serie de aportes que aún en el presente amplían las posibilidades de construcción de mundos sensibles. Y también constituyó una forma de provocar al compañero. Por otra parte, cada nuevo espectáculo implica una búsqueda diferente: traer textos para leer y comentar entre todos, imágenes que se completan y redefinen en conjunto, vestuarios y elementos que van apareciendo. Cada uno tiende a pensar desde un lugar determinado."El proceso de definir lo que queremos contar es caótico y se da desde el aporte colectivo"-afirma el director-"trabajamos sobre imágenes, ideas, dispositivos y materiales que van definiendo un perfil escénico, una dramaturgia entendida como discurso espectacular. Y leemos mucho: nunca pensamos que si leemos filosofía, por ejemplo, nos vamos a poner abstractos en escena".
Hugo asegura que “es difícil explicar cómo es trabajar juntos durante tantos años. Pienso que hay palabras claves: complementarse, adaptarse, acompañarse”. Andrea agrega “es importante tener confianza en el otro y saber delegar”. Diego, por su parte, aclara que “es importante estar cerca de la propia necesidad” y, como subraya Julieta “saber que hay algo que se completa con el otro”.
Imágenes del futuro
Ya se dijo que la escritura del libro les insumió a los cuatro un esfuerzo comparable al que empeñan cada vez que ensayan un espectáculo nuevo. “Nunca nos conformamos fácilmente, así que damos vueltas y vueltas sobre cada cosa. Será que, porque somos obsesivos individualmente, en conjunto nos potenciamos”, dice Julieta y da más pistas acerca de la necesidad de concebir el libro: “Decidirnos a escribir tiene que ver con una suerte de arrojo, con una manera de conquistar libertad y así pasar a una etapa que, tal vez, nos exija otros pensamientos”. Hugo completa “son las vivencias entre nosotros las que nos hicieron arribar a puntos de vista concretos del oficio. Hoy esperamos que las cosas que fuimos alcanzando nos impulsen a otras aventuras”. Diego acepta que de aquí en más "tal vez deberíamos satisfacer nuestros deseos con mayor inmediatez, tener menos ataduras y la libertad de seguir invirtiendo tiempo y dinero en nuestra formación y creación". No obstante, el balance continúa a favor: "mi sensación acerca de nuestras potencialidades actuales es mucho mayor que la que tenía hace 10 años atrás", afirma Diego y subraya: "a veces me asombra no sentir cansancio sino, por el contrario, una motivación cada vez mayor".
Finalmente ¿Cuáles son los proyectos que Periplo tiene por delante? Todos tienen respuestas: “querríamos comprar una camioneta para hacer una gira por Latinoamérica y Argentina, detenernos en pequeños pueblos para hacer funciones”. Por otro lado piensan que “nos gustaría tener plata para solventar viajes que impliquen experiencias de formación”. Destacan que Periplo querría trabajar con otra tecnología más ambiciosa. También creen que podrían armar un espectáculo nuevo con los jirones que quedaron de los otros, o con músicas que fueron utilizadas en otras obras. Todos coinciden en que hoy desearían conquistar una cierta soltura que los liberase del exceso de responsabilidad que saben que tienen y reconocer que hay una sabiduría que han adquirido con los años. Quisieran poder desplegar juntos un nuevo teatro, algo que hoy desconocen. Entre otros deseos, Diego afirma que querría volver a actuar, invitar a otros actores y hacer un espectáculo de grandes dimensiones. Julieta y Andrea desearían tener un espectáculo para espacios no convencionales. Y Hugo concretar los proyectos de cine que con Periplo fantasean y que aun no encontraron el momento de realizar. Andrea afirma “es la primera vez que al futuro lo vemos como a una pregunta, como algo que espera ser descifrado”.
Entre tantas imágenes del futuro y en base a la experiencia de 15 años, Diego augura: "Cada vez que pensamos ir hacia un cambio estructural entramos en un proyecto creativo ascendente". No queda más que creerle.

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