ANTIPRÓLOGO
Actualizado: 8 oct 2020
Por Ricardo Santillán Güemes
DE MAPAS Y TERRITORIOS
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Antes que nada debo decir que esto no es un prólogo. O, mejor dicho, no pretende serlo. No cumple la función de una introducción ni intenta ser un exordio para direccionar la lectura hacia alguna parte.
Esto es apenas el esbozo o fragmentos de un mapa que surge del tránsito y “confrontación” física, emocional y mental con un territorio (el Periplo Libro) que a su vez es un mapa polifónico de la experiencia que la Compañía Teatral lleva adelante desde hace quince años con un cúmulo más que importante de exploraciones, creaciones, trabajo pedagógico y gestión artística cultural. Sí, como el Capitán Beto de Spinetta, “ya lleva(n) quince años en su periplo” lo que no es poco sino “muy mucho” para un grupo artístico que, a diferencia de Beto, cuentan con astrolabios que no dejarán que se pierdan en el espacio-tiempo cotidiano o extracotidiano.
La palabra mapa proviene del latín, mappa, y significa: “mantel plano de una fina rústica”. Otra acepción dice: “Representación sobre una plana determinada de una parte o totalidad de la superficie terrestre o de otros planetas, cielo estrellado, cuerpos, etc.”.
Pero este libro no es plano, es multidimensional y profundo como un estanque (después volveré sobre esto). De allí la importancia que adquiere la distinción que Claudio Canaparo realiza entre “mapa” y “plano”. Para este autor el mapa es “un dibujo, un esquema, una especie de borrador, una hipótesis, una forma explícita de reflexión (...) Por el contrario, un plano es una guía, un diagrama, una taxonomía… ”.
Para el citado autor el mapa es una composición, un artificio, “un artefacto del presente que funcionaría para atrás (nociones de pasado, memoria e historia) y para adelante (horizonte de espera y expectativa, apertura conjetural)”. Eso es para mí este libro. Un mapa que nos muestra “las pautas que conectan” dinámica y creativamente el conocer (producción de conocimiento), el obrar (praxis / ética) y el hacer (poiesis) de Periplo, Compañía Teatral. Un mapa donde, como diría Jorge Luís Borges: “Todo tiene ahí su correspondencia”.
El antropólogo inglés Gregory Bateson afirma que: “Por la índole de su empresa, un explorador nunca puede conocer lo que está explorando hasta que lo ha explorado”. Esto significa, entre otras cosas, que todo mapa se hace a posteriori del momento de la exploración. Eso hicieron los autores de este libro tal como lo afirman en su nota preliminar pero, y esto es clave, sin dejar de lado en ningún momento la idea de proyecto, de arrojarse hacia el futuro cambiando una y otra vez de piel tal como se desprende más que nada de las entrevistas que se transcriben.
Repito: esto no es un prólogo. Es un esbozo o fragmento de mapa que incluye una enfática invitación a que cada lector realice su propio “ejercicio cartográfico”, que construya su propio mapa al confrontarse con el texto, que cree su propio “artefacto” o “dispositivo” para vivenciar y comprender este territorio libro porque, como bien dice el refrán popular: “Cada cual pesca según anzuelo y carnada”. No queda otra.
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El nombre y el nombrar
Desde hace muchos años dentro de un campo que llamo Antropología Vivencial trabajo con la idea del nombre y la práctica del nombrar. Con el poder de la palabra y la operatoria de los nombres propios, su esfera de acción, su resonancia corporal y su eficacia simbólica.
Con relación a esta problemática son muchos y diversos los abordajes posibles. Desde una perspectiva racional y de “alta” objetividad nada más terminante que el célebre principio de Alfred Korzybski citado y “masticado” por Gregory Bateson: “El mapa no es el territorio, y el nombre no es la cosa nombrada”.
Dejando de lado que muchas tradiciones dicen algo parecido pero desde otras “premisas” (la importancia de la experiencia directa como en el Zen) o propósitos (Dios, por ejemplo), lo que pretendía Korzybski, según Bateson, era “persuadir a la gente para que disciplinara su forma de pensar” y, ante todo, recordar que en todo pensamiento, o percepción, o comunicación de una percepción hay una transformación, una codificación entre la cosa sobre la cual se informa (la Ding an sich) y lo que se informa sobre ella. Bateson agrega que esa relación suele tener la índole de una clasificación, la asignación de una cosa a una clase: “Poner un nombre es siempre clasificar y trazar un mapa es en esencia lo mismo que poner un nombre”.
Pero es el mismo pensador el que dice que Korzybski lleva las de perder cuando se introduce su precepto en “la historia natural del proceso espiritual humano” en donde la cuestión no resulta para nada simple. Y esto porque, para Bateson, “tal vez sólo el hemisferio dominante del cerebro traza el distingo entre el nombre y la cosa nombrada, o entre el mapa y el territorio; el hemisferio simbólico y afectivo (que normalmente está del lado derecho) es probablemente incapaz de hacer esas distinciones”.
Y este último sucede con los “polonibos”: los poetas (y su vivencia y producción poética), los locos (“lindos”), los niños y los borrachos (de distinta laya). Sucede con el habla, la imposición secreta del verdadero nombre, las fórmulas mágicas, los ritos verbales y el canto y el hacer chamánico de los pueblos originarios. Sucede cada noche en nuestro soñar cuando, parafraseando a Gaston Bachelard, “cambia de sitio lo real”.
En Salta aún hoy al poeta le dicen “el Nombrador” porque al nombrar al mundo se lo funda.
Al escribir estas líneas todavía no sé cuál será el nombre definitivo que tendrá este libro. En mi mapa se llama: “De Astrolabios y Periplos” con un subtítulo que por ahora no me animo a enunciar pero que debería incluir la clave eminentemente teatral del proyecto. Todo su contenido y la organización de los contenidos, su ilación, me remiten a la idea de viajes, travesías, itinerarios internos y externos: del caos al cosmos y viceversa; de “la sopa original” a “la conspiración de los objetos”; de “los anillos crecientes” de Rilke al “actor tan cerca de la basura como de la eternidad” de Tadeuz Kantor y de la dialéctica de Karl Marx a la patafísica de Alfred Jarry. Encrucijadas, entradas y salidas a laberintos oscuros y luminosos. Me imagino a cada uno de los componentes actuales de la Compañía con un astrolabio de distinto color en la mano ejerciendo la técnica y el arte de encontrar las estrellas de adentro y de afuera, las personales y las grupales. Porque para eso sirven los astrolabios que, de repente, pueden rebelarse y ponerse a detectar otros mundos.
Desconozco también cómo fue el momento fundante en que los miembros de Periplo se autobautizaron de esta manera y bautizaron a su espacio como Astrolabio Teatro pero, no me cabe duda que con ambas decisiones culturales hicieron honor a, como dice Borges: “lo que se cifra en el nombre”. Tanto desde lo racional (“el nombre no es la cosa nombrada”) como desde lo poético metafórico (“el nombre es la cosa nombrada”).
En el noroeste argentino es bastante común pasar los sustantivos a verbos porque la luna “lunea” y el manzano “manzanea”, para eso están siendo lo que son y no otra cosa. Tomando esta idea popular y algunas consideraciones del físico cuántico David Bohm (el rheomodo o modo fluyente) diseñé un ejercicio en donde los distintos nombres se convierten en verbos en infinitivo y son procesados corporalmente para detectar distintas esferas de acciones que tienden a expresar, en cada uno de ellos, ciertas constelaciones de emociones, sentimientos, pensares y decires y no otros. En lo teatral Hamlet hamletea, Discépolo discepolea (Armando de distinta manera que Enrique Santos) y Periplo periplea.
Este libro es un mapa de un periplear que ya lleva quince años de transformaciones y de múltiples identificaciones y desidentificaciones personales y grupales. Una forma de periplear que no sería tal sin las relaciones que se fueron dando en los cruces entre el diegar, el andrear, el huguear y el julietar. Y no me meto con los segundos nombres, apellidos paternos, maternos, sobrenombres, apodos, aumentativos, diminutivos ni con los nombres de todos los personajes creados por ellos en este tiempo porque eso daría para cientos de libros más. Eso es agua de otro estanque.
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En Astrolabio Teatro hasta las plantas crecen en plenitud.
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La cultura períplica
“Lo permanente no es lo inmóvil, es lo que no cesa”. Aldo Pellegrini
En la entrevista titulada “Teatro y grupalidad” Diego Cazabat habla de la construcción de “una manera (propia) de hacer las cosas” y explicita varias formas de encarar dicho hacer. Y eso, para mí, puede traducirse lisa y llanamente como la configuración de una cultura, en este caso de una cultura grupal propia dentro del campo de lo teatral donde el Periplo Teatro tiene un determinado posicionamiento e identidad. Las distintas partes del libro y las diversas formas de expresión que eligieron para comunicarse - aforismos, diálogos, guión teatral, crónica, reflexiones - atestiguan lo dicho.
No viene al caso ahora adentrarnos en la historia y la operatividad del término cultura. Sí decir que, desde mi punto de vista, la cultura puede entenderse como una forma integral de vida creada histórica y socialmente por una comunidad a partir de su particular manera de resolver desde lo físico, emocional y mental ciertas relaciones fundantes (con la naturaleza, ámbito físico o territorio; consigo misma en tanto comunidad; con otras comunidades y con aquello que Peter Brook denomina “el misterio” y otros podrían calificar como lo trascendente o sagrado) para dar continuidad, plenitud y sentido a la totalidad de la existencia.
El crítico e investigador paraguayo Ticio Escobar, actual Ministro de Cultura de su país, afirma que “lo cultural es lo social mismo considerado desde un cierto punto de vista: el del sentido que inventan los sujetos colectivos para organizar su experiencia del mundo y comprender lo inexplicable: el fundamento y el origen, el deseo y la muerte. La cultura es la propia sociedad en cuanto se imagina a sí misma y se autointerpreta a través de metáforas y discursos, de reflexión y de poesía”. Para reafirmar lo dicho invito a cambiar, en el último párrafo, el término “la propia sociedad” por “el Periplo Teatro” y a bucear en el libro cómo esta Compañía fue construyendo su identidad cultural y cómo se expresa la misma en la producción de sentido tanto en lo cotidiano (gestión) como en la creación artística (lo simbólico expresivo).
Al ir recorriendo las páginas queda claro cómo han ido creando un dominio relacional propio, una manera de estar siendo juntos significativamente en la vida y en el campo teatral. Una forma de decidir cómo resolver desde lo físico, emocional y mental:
- Su instalación material en el territorio urbano y la pertinente construcción de moradas existenciales: el primer Astrolabio Teatro alquilado, el segundo propio y hecho con esfuerzo y trabajo a partir de casi ruinas.
- Las relaciones grupales democráticas y participativas que se expresan en la larga convivencia establecida y en las sucesivas tomas de decisiones que dieron continuidad, plenitud y sentido a una forma de transitar tanto las experiencias cotidianas (económicas, por ejemplo) como las extracotidianas propias de los procesos de creación artística y de tramos del trabajo pedagógico teatral. El biólogo chileno Humberto Maturana define la democracia como “la estética del respeto mutuo” y “la aceptación del otro como un legítimo otro en convivencia”. En la libre expresión de las identidades está la clave de los vínculos que se gestan democráticamente y posibilitan la emergencia de una unidad (negación de toda división) en libertad (negación de toda uniformidad). Una manera de hacer las cosas participativamente no implica el mero hecho de “tener una parte” sino el derecho inalienable de ser “parte de un todo”, de una comunidad creadora, de una comunidad de origen y proyecto. La misma realización de este polifónico libro es un ejemplo de lo que digo.
- Las relaciones metapolíticas con otras comunidades teatrales (pares), con distintas instituciones gubernamentales (Instituto Nacional del Teatro y otras) y no gubernamentales, con grupos teatrales o pasantes de otros países y, fundamentalmente, con su público.
- Las relaciones con el misterio que en este caso, para mí, se expresa en los múltiples tránsitos por “la otra zona” (lo supracotidiano) tan bien expresados en la profusión de los textos aquí volcados en donde sobresalen, diría Artaud, aquellos momentos en los cuales el espíritu y el cuerpo se tornan un solo movimiento. Y, asimismo, en la trascendencia que, claramente, le otorgan a la tarea específica.
Hay una frase de Roland Barthes que nunca me cansaré de repetir: "La Lengua que está más acá de la Literatura. El estilo casi más allá: imágenes, elocución, léxico, nacen del cuerpo y del pasado del escritor y poco a poco se transforman en los automatismos de su arte. Así, bajo el nombre de estilo, se forma un lenguaje autárquico que se hunde en la mitología personal y secreta del autor, en esa hipofísica de la palabra donde se forma la primera pareja de las palabras y las cosas donde se instalan de una vez por todas, los grandes temas verbales de su existencia".
En mi tránsito por el territorio libro y trasladando la cita a otro lenguaje artístico encuentro ciertas recurrencias, grandes temas verbales o palabras clave que aparecen con distintas máscaras, tonos existenciales e intencionalidades pero que, desde mi óptica, hacen a la cultura teatral de Periplo en tanto una forma de estar siendo en el mundo teatral haciendo teatro: cambio; lucha contra la “Gran Costumbre” (J. Cortázar); creación / proceso creador; oficio / técnica; entrenamiento: producción de conocimiento; verdad poética; verdad escénica; grupo / cultura grupal; identidad; marcos; procesos y, obviamente astrolabios y periplos. Posiblemente otros lectores tacharán y / o agregarán otros términos cuando realicen su mapa. Por su parte el grupo también presenta sus propias figuras y mapas, sus grandes temas verbales y corporales.
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Después de ver por primera vez “La conspiración de los objetos” Diego me pregunta qué me pareció y le contesto: “Un officium poético de alta rigurosidad”.
Luego de ver la misma obra por segunda vez fumando debajo del marco de la puerta de salida escucho a la manera de un eco al público que se va yendo diciendo una y otra vez: poética, poético,… ético, po…
Esta es una de las consecuencias culturales que produce la obra y el accionar de la Compañía. Sí: “La resonancia de un sonido depende del ámbito donde resuena” y "El teatro es poesía en el espacio" (Antonin Artaud).
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El arte del aforismo
“Ni una palabra más: aforismo perfecto”. José Bergamín
Desde su inicio en el libro se da cuenta de muchas artes. El arte de la pregunta, clave de todo tipo de conocimiento, opera como punto de arranque y expande su presencia de distintas maneras. El arte de profundizar los vínculos actor / actor y actores / director, clave del oficio y la cultura teatral. El arte del registro y el autorregistro, los invalorables cuadernos de notas que se mencionany, obviamente, este libro. El arte de la reflexión activa sobre la práctica teatral cosa no tan común como bien lo viene pregonando desde hace muchísimos años el maestro Raúl Serrano.
Pero también el arte del aforismo. Debo decir que tengo una gran debilidad por las formas breves: coplas, haikus, pensamientos, microrrelatos y, por supuesto, aforismos. Creo que en una parte importante de este libro, y esto en mi mapa es una “diferencia que importa”, se puede encontrar y transitar una rica cantera de aforismos pero con un agregado no menor: la polifonía. El haber sido vivenciados, dichos y hechos por muchos.
El aforismo es una forma de expresión y exposición que presenta pensamientos, sensaciones, sentimientos, de una manera breve, concentrada, sugerente pero también certera y “cerrada” en el sentido que en el conjunto cada pensamiento posee una relativa autonomía que, paradójicamente, busca continuarse. De esta manera en realidad no sería una forma breve sino inconmensurable y con una potencia de expresión inagotable.
En su libro Filosofía y carnaval Eugenio Trías reflexiona acerca de cómo Nietzsche utiliza el aforismo como un recurso para concretar lingüísticamente un estado pulsional. Como una forma de desmentirse a sí mismo en el salto de un aforismo al siguiente, de una máscara o doctrina a otra llevando esta filosofía carnavalesca al punto de llegar a disfrazarse de… Nietzsche
Así, dice Trías, la “clave” de ese texto escandaloso, Así habló Zarathustra, se encuentra “en las fisuras, en los hiatos, en esos espacios en blanco que separan un aforismo de otro (…) Saber cortar a tiempo: poner punto final a un aforismo, introducir - como hizo Nietzsche en todos sus textos - una “beance”, un espacio en blanco para, acto seguido, coger de nuevo la pluma e inscribir un nuevo estado pulsional”.
Trasladando esta idea al campo de la exploración teatral lo relevante de la escritura aforística producida desde sus respectivas identidades y tonos existenciales por Hugo, Julieta, Andrea y Diego es el compromiso corporal desde donde son paridos porque en el hiato, en la fisura entre un aforismo y otro se siente una respiración, un cambio del punto de encaje, el traslado del peso del cuerpo, la mudanza de la postura psicofísica. Y esto no es menor porque son dichos no desde una palabra vacía sino desde una palabra - acto, desde una idea - acción, desde el sitio de lo encarnado.
No corresponde que elija y ejemplifique al respecto porque, como ya dije, “cada cual pesca según azuelo y carnada” y el aforismo que cada uno seleccione no será el mismo. Pero sí creo que lo que acabo de decir se manifiesta también y claramente en el ejercicio actoral diseñado por A. O. para ser llevado a cabo en el transporte público que, espero, sea pronto publicado en su totalidad por Periplo, Compañía Teatral.
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“El artista es la síntesis del teórico y el práctico". Novalis
Tal vez en un bar anoto en mi propio Cuaderno de Notas: “La lectura y el tránsito por este libro ratifica en mí lo apuntado por Grotowski: El teatro es una forma de meditación socio – cultural. Periplo Teatro produce conocimiento situado. No es posible que las ciencias duras pero también las ciencias sociales sigan todavía negando que en el arte y en la formación artística se produzca conocimiento”. Y, ahora, rebota en mi mente la canción de Charly García que dice: “Toda esa gente parada / que tiene grasa en la piel / no se enteran ni que el mundo da vueltas” ¿Será que no tienen astrolabios?
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Gestión cultural
No soy muy afecto a las estadísticas pero numéricamente y tal como se puede apreciar son muchos y significativos los espectáculos creados por Periplo Compañía Teatral y la cantidad de funciones realizadas con cada experiencia.
Son numerosísimas también las giras realizadas por diversos países del mundo. Los subsidios o recursos conseguidos por instituciones oficiales o no para concretar distintos tipos de proyectos artístico - culturales.
Además la Compañía cuenta con una sala propia, publica este texto y realiza infinidad de otro tipo de actividades.
En el libro todas estas importantes concreciones están volcadas y expuestas pero creo que de manera “natural” sin explicitar o dar cuenta de la ardua y persistente tarea que significó y significa gestionar todo eso. Porque gestionar también es un arte e implica diseño, ejecución y evaluación de un proyecto que transforma una realidad I en una realidad II modificada por lo producido.
Gestar significa dar origen, generar, producir hechos. Su raíz latina, gerere, significa conducir, llevar a cabo (gestiones), mostrar (actitudes). Del mismo origen latino derivan: gesta, la historia de lo realizado por alguien, un héroe, un pueblo y también gesto, como actitud o movimiento expresivo del cuerpo.
La gestión, entonces, podría considerarse como ese conjunto de prácticas y gestos a través de los cuales no sólo se otorga un determinado sentido histórico, político y existencial a la actividad específica sino que la hacen posible desde lo fáctico: material, comunicacional y organizativamente hablando. En este caso la trama cultural empírica que los miembros de Periplo han sabido urdir para lograr los distintos objetivos que se fueron proponiendo en estos quince años de vida.
En los últimos tiempos se ha profesionalizado la formación de gestores culturales. Hay varias carreras terciarias, universitarias de grado y de posgrado.
Sería bueno dos cosas: que Periplo nos dedique alguna publicación donde cuenten cómo tienden a gestionar sus proyectos y, mientras tanto, que sean invitados a los claustros para que narren su experiencia. Vale la pena.
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El proceso creador
“La creatividad es a la cultura lo que los cambios genéticos a la biología”.
M. Csikszentmihalyi
“Hay que reconocer como creación todo lo que
aun no ha sucedido”. Tadeusz Kantor
Con relación a la pregunta sobre qué es, cuándo es o dónde se da la creatividad suele aparecer la idea de crear o de creación asociada a “la capacidad de conformar nuevas realidades” y, también, con el acto de “dar vida”, “hacer que exista algo” lo que entra en sintonía con las definiciones que, al respecto, ofrecen los diccionarios en donde se aclara que la raíz latina creare significa justamente “engendrar, dar a luz, producir, crear”.
En los textos sobre el tema se suele hablar de los seis componentes de la creatividad: la persona (“talento”), el campo (en el sentido que le da Pierre Bourdieu), el ámbito (aquellos que ejercen poder, custodian y legitiman dentro del campo), el clima (tóxico / nutritivo), el proceso creador (con sus cinco fases: preparación, incubación, iluminación, evaluación, concreción) y el producto (tangible o intangible).
En el primer componente prefiero hablar de persona y/o comunidad creadora. En un campo como el teatral y en un caso como el de Periplo no es el individuo sino la comunidad la que crea a partir de su propia matriz e identidad cultural, desde sus propias necesidades, aspiraciones y estrategias.
En una oportunidad Joseph Zinker manifestó que “en el festín de la creación el plato de fondo es el proceso”. En lo personal lo que mucho me gratifica es ver y acompañar la gestación de una performance o producto, el cómo crece de manera multidimensional esa creatura hasta que llega el momento de nacer y hacerse una con el público.
En este sentido creo que en este libro se encuentran iluminados y muy bien trabajados los claroscuros de la creación en este caso teatral pero en sus distintas dimensiones: lo sensorial, lo sensible, lo visual (imaginería), lo reflexivo y si tuviera un DVD, lo auditivo.
Para mí junto con ciertos textos relacionados con esta temática como los de Pavlovsky, Nachmanovitch o Pichon Rivière este libro pasa a ser material de consulta.
En lo que se refiere al proceso creador creo que es a través de una metáfora que se desarrolla en uno de los capítulos, la del estanque, que se logra una síntesis acabada de lo que significa crear en el campo artístico en este caso teatral.
No corresponde que describa cómo es, qué sucede, qué metamorfosis y movimientos se producen y procesan en el tan mentado estanque. Sólo digo en este fragmento de mapa que por ahora llega a su fin que lo considero uno de los hallazgos de este territorio libro.
Pero antes de irme y aunque todavía no sepan de qué se trata no puedo dejar de hacer un último convite bajo la forma de un haiku de Basho:
Un viejo estanque:
salta una rana
¡plof!
Ricardo Santillán Güemes
Febrero de 2011

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